Y sobre todo, he aprendido que no sirve de nada, seguir
negando lo evidente.
lunes, 21 de enero de 2013
lunes, 14 de enero de 2013
domingo, 6 de enero de 2013
jueves, 3 de enero de 2013
Soy esa clase de persona, que bebiendo agua, empezó a reír y le salió el agua por la nariz. Ese tipo de chica que odia las mentiras y las malas caras, que es más clara que el agua, en ocasiones un poco borde, pero alegre y simpática. Que defiendo lo que me importa, a pesar de todo, de esas que prefieren hechos y no palabras, y que no me hace falta que me prometan la luna, me basta con que me demuestren que por mi la bajarían. Demuestro cada instante lo que digo, no soy nada hipócrita ni me gusta que lo sean conmigo. Soy de esas que prefieren saber la verdad aunque duela, y aunque a veces sea mejor pensar cosas bonitas aunque sean mentira. No soporto perder a personas que me importan, y cuando es posible hago todo lo posible para recuperarlas. Me ilusiono rápido, me enamoro y luego me doy la ostia, recapacito y pienso que he ido muy rápido. No soporto que me arrebaten lo que quiero en mis narices. Lucho por lo que me importa, y sobre todo, no cambio por cualquiera.
'En el fondo, a todos nos gusta pensar que somos fuertes. Que vamos a poder con todo lo que nos venga encima, que pudimos con lo de ayer y que podremos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabemos que eso no es verdad. Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura antirrobo ni en esconderse detrás de un disfraz; ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo. Pero como por naturaleza solemos ser impacientes y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobretodo disimular. Si, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte, para que nadie note que en realidad, lo que nos pasa de verdad, es que estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo hace que duela. Pero a veces, bueno… a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte, bajar la guardia y darte una tregua. Está bien bajar la guardia de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos. A los que ya no están, y a los que están, pero lejos. Sin embargo, hay momentos que es lo mejor que puedes hacer: darte una tregua. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes; eso es lo que nos hace humanos.'
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